En cuanto a la clasificación de la enfermedad

CLASIFICACIÓN

 

En cuanto a la clasificación de la enfermedad, en la actualidad se tiende a aceptar los términos "desnutrición", "malnutrición", "subnutrición" o "hiponutrición" para referirse al cuadro clínico general producido por disminución crónica del aporte de nutrientes, así como de las pérdidas excesivas de éstos. En función del tiempo, la enfermedad lleva a una pérdida de peso en relación con la edad y a un retardo en el crecimiento. Estas causas, por mucho, representan la mayor parte de los casos.
En una proporción menor (el dos por ciento), se llega a cuadros avanzados de desnutrición con pérdida muy significativa de peso, deterioro muscular, alteraciones de la piel y edema de las extremidades. Este cuadro se denomina en general desnutrición calórico-proteica.

Sin embargo, en los casos graves, a veces es posible distinguir dos cuadros clínicos muy bien definidos según sea preponderante el déficit calórico y proteico o sólo el déficit proteico: el primer caso se denomina marasmo y el segundo kwashiorkor.
En la mayoría de los casos, los dos síndromes clínicos se superponen, pero en ocasiones es perfectamente diferenciable un síndrome de otro.
El marasmo es una enfermedad crónica, mientras que el kwashiorkor es relativamente aguda. El niño sometido a una dieta hipocalórica e hipoproteica llega a una situación de marasmo que, si está libre de infecciones, puede durar meses o años. Pareciera que, en cierta forma el niño se adapta a esta situación.
En cambio el que estuvo sometido exclusivamente a una dieta hipoproteica y normocalórica, en menos de veinte días desencadena toda la sintomatología propia del kwashiorkor.
El marasmo se trata de un cuadro clínico que se presenta en el primer o segundo año, aunque puede aparecer también en edades más avanzadas. Se caracteriza por un gran enflaquecimiento, alcanzando la pérdida ponderal al 40 por ciento o más en relación con la edad.

En los estados más avanzados, el lactante adquiere cara de viejo, la piel aparece arrugada, de color pálido grisáceo y seca. Además, la piel puede aparecer delgada y brillante y hasta con ulceraciones que se infectan y son difíciles de mejorar.
Existe un compromiso del estado psíquico: aun cuando a menudo está consciente y en apariencia preocupado por el ambiente que lo rodea, rara vez está alegre y tranquilo. Por lo general se muestra irritable e intranquilo, o apático y somnoliento, y muestra gran tendencia a succionarse los dedos.
Es habitual el llanto débil y monótono (a veces sin causa aparente), el pulso es muchas veces difíciles de apreciar por su escasa tensión y puede hacerse fácilmente irregular.
En el marasmo, las infecciones son muy comunes y contribuyen a agravar la desnutrición, siendo casi siempre la causa de muerte.
Por otra parte, el Kwashiorkor se ve con mayor asiduidad en el lactante mayor y en el preescolar. Su causa principal es una dieta deficitaria en proteínas, lo característico es el edema (que suele acompañarse con alteraciones digestivas, como diarrea, vómitos e inapetencia).
Existe un gran compromiso psíquico: llama la atención la gran indiferencia a los estímulos del mundo externo y, es una actitud general, permanecen postrados sobre la cama.
También son característico alteraciones del cabello, la sequedad de la piel, existe compromiso del sistema circulatorio: hipotensión, disminución de la frecuencia cardíaca y tiempo de circulación prolongado, generalmente existe anemia, y diarrea permanente.
Sobre como prevenir la enfermedad, desde el Centro de Estudios Sobre Nutrición Infantil (Cesni) afirman que una buena alimentación debe cumplir con los requisitos de ser suficiente (cubrir las necesidades nutricionales), equilibrada (aportar proporciones adecuadas de nutrientes), variada (incluir diversos tipos de alimentos) y libre de riesgos ecológicos (desprovista de sustancias que en forma natural o agregada impliquen riesgo para el organismo).
Al respecto, recomiendan una dieta que incluya los cinco grupos de alimentos: lácteos y sus derivados (que aportan calcio y vitaminas A y D); carnes, legumbres y huevo (que aportan proteínas y algunas vitaminas); harinas y cereales (energía y algunas vitaminas); frutas y hortalizas (vitaminas y fibra); y, en menor medida, grasas, aceite y azúcar (aportan básicamente energía).
Sin embargo, tanto desde el Cesni como de otros organismos que trabajan en la problemática reconocen que todas las recomendaciones quedan supeditadas a las posibilidades económicas de las familias.